Sobre mi: La Psicóloga.

Sobre mi: La Psicóloga.

Valentina Isidora Fernanda González Glena, mi nombre completo.
Hola! Aún construyendo este blog, me ha costado dar lugar a espacios para hablar de mi, sin embargo, creo que el generar vínculos de confianza comienza por conocerse, por lo cual, me presento.
Como algunos sabrán, soy Chilena y oriunda de Concepción. Nacida y criada en este hermosa ciudad, sigue siendo mi lugar favorito. Mi interés en el arte y las humanidades comenzó a aparecer en mi vida desde temprano, por lo cual, siempre conté con espacios creativos en mi vida y dudé muy poco a la hora de elegir mi camino profesional.
Estudié psicología en la Universidad del Desarrollo, una espacio con el que estaré siempre agradecida y que recomiendo a ojos cerrados, si bien su fama nunca lo ha acompañado. Como muchos, siendo la menor de 4 hermanos me vi enfrentada a las dificultades económicas de estudiar en Chile, sin embargo, gracias a las herramientas y grandes recursos que me facilitó mi entorno, el apoyo incondicional de mis padres y mi esfuerzo personal (algo de mérito me llevo) logré obtener una beca que me permitió pagar mis estudios y ahorrar el dinero con el cual luego solventaría la maestría en Arteterapia con enfoque relacional que me encuentro realizando en España hoy (donde vivo actualmente). Pero, además de esto, esta fue una universidad donde se me abrieron muchas puertas para aprender, trabajar y crecer, así como formar amistades que me acompañarán toda la vida.
Trabajando y estudiando terminé la carrera. En mi último año gané un intercambio a USA, Longmont, que sin embargo la pandemia no me permitió cursar. Aún así, no me quejo, pues tuve la posibilidad de aprender más sobre la salud pública de mi país y vivir en su capital unos meses, trabajando en un hospital de Santiago junto a grandes profesionales. Y si bien mi último año no fue como lo esperaba, la verdad es que la adversidad terminó siendo un espacio en el que logré aprender y desarrollarme, para que finalmente, en una ceremonia un poco incómoda, llena de mascarillas y protocolos, diera fin a mi ciclo académico superior, teniendo el honor de dar el discurso de despedida de mi generación y recibir un hermoso reconocimiento por mi desempeño en estos años de formación.
Paralelamente a este proceso, mi camino como ceramista y artesana se iba formando, sin embargo, sobre ese tema hablé ya en otro espacio al cual pueden acceder, si les interesa, aquí.
Ya como psicóloga titulada comencé mis primeros trabajos independientes. Por un lado, continúe trabajando para mi universidad, llevando algunas ayudantías y como asistente en centros de investigación de la carrera, más específicamente, en el Centro de estudios en Bienestar y Convivencia Social (CEBS) y el Centro de Estudios y Mejoramiento de la Educación (CIME) apoyando procesos y realizando intervenciones en espacios educativos. Ambos lugares sirvieron enormemente para mi crecimiento, así como para poder ir juntando experiencia y confianza, que poco tiempo después me llevó a comenzar a explorar el trabajo en el campo clínico, el cual, siempre ha sido mi principal interés. Buscando por cuenta propia, me volví parte de un centro de Atención psicológico de Concepción y comencé mis primeras experiencias terapéuticas.
Como verán, fue un comienzo profesional bastante movido. Como siempre, mis ganas de adelantare al mundo me llevaron a entrar en muchas cosas en poco tiempo, mientras simultáneamente, crecía como ceramista y profesora en el taller.
Sin embargo, algo que no me permitía sentirme cómoda en este lindo desenlace, es el que dentro de mis objetivos, y quizá a modo de desafío personal, me había propuesto tomarme un tiempo para mi, viajando y trabajando en algo diferente, una vez terminada la carrera. Como alguien que siempre ha estado muy comprometida con lo académico, se imaginarán que no me di muchos de estos espacios a lo largo de mi vida, por lo cual “tomarme un tiempo” era algo que tenia pendiente. Pero, lo que no tenía previsto es que una pandemia paralizaría mi vida y la del resto, retrasando mis procesos y tiempos, crisis ante la cual irónicamente (hoy veo), mis viajes quedaron desplazados y mi refugio fue mi zona de confort, el trabajo y los estudios. Desde ahí, cuando las cosas comenzaron a volver a la “nueva normalidad” yo me vi enfrentada a la necesidad de tomar una decisión, pues si algo sabía, es que mientras más me involucrara en un espacio laboral, más me costaría salir de ahí.




En resumen, fueron las vivencias que experimenté en el taller Lima y Mango (lo cual cuento con más detalle aquí), lo que me llevó a encontrar una manera distinta para resolver esta disyuntiva. Si bien quería seguir creciendo profesionalmente, no quería renunciar a mis ganas de conocer y salir de mi zona de confort. Desde ahí, de forma bastante improvisada y casi intuitiva, me puse a investigar formaciones en el extranjero que me permitieran trabajar, conocer y aprender más de las cosas que me apasionaban, y que mi beca estudiantil me permitiera pagar. Y así, como por magia, llegue a la Asociación de Arteterapia Española, donde la escuela Metáfora era recomendada. Tomé un pequeño curso introductorio de un fin de semana, me terminé enamorando de la formación, y luego de un curso de postgrado intensivo, armé mis maletas y me vine a vivir a otro continente por 2 años.
Hasta ahí, por movida que fue la secuencia, diría que todos se mantuvo bajo mi control y en función a mis decisiones. Sin embargo, creo que todo lo que ha pasado desde ese momento hasta hoy (un año más tarde) ha sido una mezcla de suerte, decisiones rápidas y confiar en el proceso.

En la actualidad me encuentro comenzando mi segundo año de formación, y continúo mi ejercicio clínico de forma remota, un área en el cual me encuentro en continuo crecimiento y aprendizaje, sobre todo al estar rodeada de grandes profesionales y referentes en el área. Por otro lado, poco a poco empiezo nuevos proyectos que esta linda ciudad me ha permitido, y la verdad, hoy no me imagino que las cosas hubieran sido diferentes. Si bien estos últimos años han sido muy acontecidos, con dificultades, aprendizajes, logros y desafíos, mi crecimiento personal y profesional es algo por lo cual estoy infinitamente agradecida. Creo ciegamente que todo el proceso se dio de la forma en que tenía que darse, y agradezco a diario el haberme atrevido a cambiar mi vida, por seguir mis sueños y deseos.
Desde ahí, pienso que lo que este proceso me ha enseñado, por el momento, es bastante simple pero importante: ell que no habrán mejores momentos para realizar cambios o tomar decisiones, ya que la vida no te espera a que estés lista para que las cosas pasen, pero también, que estar “preparada” es algo algo a lo que quizá, nunca se llega. Desde ahí, creo que el construir una relación de confianza conmigo misma ha sido lo que me ha permitido seguir avanzando, mucho más de lo que la seguridad, claridad y preparación me ha ayudado. Una vez más, creo que el construir un espacio seguro dentro, es lo que no permite crecer fuera.
Con esto, me despido.
Y tu ¿Te animas a comenzar?
Vale.






