Terapia Online ¿será para mi?

Terapia Online ¿será para mi?

Pequeños grandes detalles

Dentro de las muchas consecuencias que la pandemia por el virus COVID-19 trajo consigo, el aumento de espacios cibernéticos, para bien y para mal, se encuentra dentro de las más evidentes. Desde ahí y en respuesta a una necesidad emergente, el terreno tradicional de la psicoterapia se vio obligada a trasladar sus límites para ampliarse hacia esta nueva dimensión.

Sin embargo hoy, ya mirando desde lejos las condiciones que la pandemia exigió, la terapia online es un estilo moderno que se mantiene triunfante. Pues la verdad es que, aún considerando sus dificultades, este medio nos da la posibilidad de romper barreras que la presencialidad no. Pero no deja de ser cierto que, como todo, no es para todo el mundo, así es que aquí te vengo a hablar un poco sobre elementos a considerar si estás sopesando tomar este camino.

Primero, hablemos sobre algunos desafíos que supone la atención remota. Ramos y Hervás (2020) destacan ciertas consideraciones, tales como; la falta de un contexto físico compartido, lo cual pude suponer una limitación para ciertas necesidades que aparecen en terapia; una posible disminución de la privacidad, tanto para usuarias(os) como para terapeutas; limitaciones en cuanto a los materiales a los que se puede acceder, sobre todo en aquellos casos en que se utilizan recursos externos como es la arteterapia; y más aún, una mayor dificultad para el resguardo y cuidado de las obras desarrolladas.

Sumado a esto Rodríguez-Ceberio, Agostinelli, Daverio, Benedicto, Cocola, Jones, Calligaro y Díaz-Videla (2021) añaden la posibilidad de un mayor número de interrupciones, así como problemas de conectividad o falta de dispositivos adecuados.

Pero no todo es malo.

En cuanto a elementos positivos, podríamos hablar de; la comodidad que puede suponer para la/el cliente la posibilidad de evitar movilizarse, así como el resguardo físico y emocional que esto trae consigo; la aparición de contenido diferente en sesión por estar “dentro” de la casa de las(os) usuarios; y el poder cruzar la barrera física, que en ocasiones margina el acceso en salud. Esto último, también asociado al seguimiento de casos (Ramos y Hérvas, 2020).

Por lo demás, los últimos años han dejado en evidencia que la psicoterapia necesita seguir evolucionando, siendo aún criticada por ser “demasiado blanca, heteronormativa y capacitista” (Neves, 2023, p. 1). Ante lo cual, la entrada de estos nuevos recursos ha supuesto una posibilidad para abrazar la diversidad neurológica y física, dando espacio a terapeutas y usuarias(os) divergentes que enfrentan dificultades con la presencialidad. Entendiendo claro, que aún falta camino, en tanto adaptarse y evolucionar requiere un compromiso para el aprendizaje continuo (Neves, 2023).

Habiendo dicho esto ¿en qué quedamos?. Creo que, partiendo por considerar los requerimientos concretos de lo remoto, en torno a recursos, medios y espacios, lo que viene es hablar sobre las propias necesidades de cada uno a la hora de buscar terapia. “Restar” el cuerpo de la sesión es una variable que necesita ser atendida y trabajada en conjunto, buscando maneras de dar lugar y hablar sobre este vacío. Sin embargo, a su vez, el espacio que deja las variables físicas puede permitir el ingreso de temas y procesos diferentes que beneficien el espacio terapéutico. Habiendo ya demostrado en múltiples estudios ser un espacio igualmente válido y eficaz que la psicoterapia presencial.

Es decir, depende. ¿De qué?.

Me atrevo a decir; dos cosas. Por un lado, el factor psicoterapéutico de mayor importancia en la clínica: el vínculo terapéutico. En tanto, la calidad de la relación terapeuta-paciente es el principal predictor y promotor de un espacio seguro y efectivo. Desde ahí, una buena relación puede ser determinante para hablar de una terapia exitosa, en cualquiera de sus modalidad. Por otro lado aparece la disposición de la/el propio paciente. Esto pues, así como lo remoto puede ser una ventaja, supone desafíos y requiere de un mayor involucramiento de la/el paciente en variables que antes controlaba la/el terapeuta, como es por ejemplo, la responsabilidad de asegurar un espacio seguro y privado, el evitar distracciones, el tener una asistencia constante, etc. Desde ahí, la disposición de la/el usuario de participar en su proceso será crucial, así como su capacidad de identificar y comunicar cuando hay necesidades que no están siendo cubiertas.

En conclusión, hay pros y contras que quizás tendremos que experimentar para poder poder decidir, sin embargo, me parece importante destacar que, ya en sí mismo, este ejercicio de cuestionarnos y probar medios con el objetivo de descubrir qué requerimos para construir un espacio de autocuidado cómodo, es parte de un trabajo terapéutico que puede ayudarnos a conocernos y cuidarnos un poco más.

¿Qué dices?

Referencias:

Ramos, C. Y Hervás, L. (2020). Seminario Arteterapia Online de AFIA-Foro Iberoamericano de Arteterapia [Sesión de conferencia]. https://soundcloud.com/afia-comunicacion/seminario-arteterapiaonline?fbclid=IwAR3Es9J8xktgN7kY29JweqyTjV31Q3QyDUOt7OFqCtC8biGYPyg7JtZbp iw

Rodríguez-Ceberio M, Agostinelli J, Daverio R, Benedicto G, Cocola F, Jones G, et al. Psicoterapia online en tiempos de Covid-19: adaptación, beneficios, dificultades. Arch Med (Manizales). 2021; 21(2):548-555. https://doi.org/10.30554/archmed.21.2.4046.2021

Silva Neves (2023) Contemporary psychotherapy: Evolution in our modern time,European Journal of Psychotherapy & Counselling, 25:1-2, 179-197, DOI: 10.1080/13642537.2022.2156148

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