El Barro en Terapia

El Barro en Terapia

Cuando nos ensuciamos las manos

Inevitablemente, tengo que partir por aquí. Pero también, inevitablemente, debo comenzar declarando que como ceramista, mi apreciación sobre el uso de la arcilla como material terapéutico para algunas(os) puede estar un tanto sesgado, o por el contrario, puede ser una opinión aún más valiosa. Ustedes como lectoras(es) dirán.

Primero, y citando mi artículo sobre El Encuentro con los Materiales en Arteterapia, nos recuerdo que desde la Arteterapia los diferentes materiales poseen diferentes cualidades terapéuticas. Esto, en tanto sus características, necesidades y condiciones demandan en nosotras(os) diferentes habilidades, esfuerzos y recursos psíquicos, lo cual a su vez, nos conecta con elementos de nuestro mundo interno. Desde ahí, y en este caso en particular, me parece importante comenzar por hacer una afirmación crucial: todos hemos jugado con barro alguna vez.

Esta realidad, para bien y para mal, supone una de las variables que vuelven la arcilla un material tan poderoso, pues todos en algún punto de nuestra infancia nos encontramos embarrados, inmersos y comprometidos creando con este elemento. Desde civilizaciones hasta repostería, el barro es de los materiales creativos más comunes, conocidos y explorados. Lo cual supone que nuestro encuentro con este material en terapia nunca será el primero.

¿Por qué es esto relevante? pues porque esto lo vuelve un medio regresivo que nos llevará a conectar con experiencias pasadas, más específicamente, con instancias desinhibidas y sensoriales de nuestra infancia en momentos de juego libre y marrón. Como reflejan Klein, Regev & Snir (2020) en su estudio sobre la percepción de un grupo de usuarios en torno al uso de la arcilla en terapia, el trabajo con barro es una experiencia sensorial lúdica, cuyas cualidades nos permiten conectar y revivir experiencias sensuales, conductuales y motoras de una forma más elaborada.

Es decir: nos lleva a entrar en el cuerpo, así como a utilizar nuestra información corporal para crear libremente, una práctica a veces olvidada en la adultez. Y esto resulta crucial pues, además de ser una forma de expresión corporal, es una forma de expresión emocional, en tanto si entendemos que es en el cuerpo donde nuestras emociones nacen y habitan, comprendemos que es también a través de este y sus movimientos que estas se expresan. Desde ahí, es posible afirmar que el cuerpo y su actividad es un medio externo que permite observar el estado emocional interno de una persona (A. Pease y B. Pease, 2006) y la arcilla, un material que retrata este proceso y su resultado.

Ahora ¿Cómo este acto de regresión y expresión puede ser valioso? Pues, a diferencia de otras formas de conexión con nuestras fases infantiles, la creación artística supone un escenario especial donde este proceso se encuentra elaborado, contenido y acompañado, dando un lugar seguro a emociones y necesidades primarias de juego, manifestación y creación. Lo anterior, nos permite reeditar posibles experiencias complejas y dolorosas de la infancia, que hoy se ubican al servicio del crecimiento (Kris, 1964).

Un poco complejo, pero ahora lo pongo en un ejemplo simple. Si quizá en el pasado trabajar con barro era sinónimo de suciedad y caos, en el espacio terapéutico encontramos la manera para poder acudir a este material y sus propiedades, en un contexto controlado y seguro. Si quizá en el pasado crear con este material «difícil» de controlar supuso una experiencia frustrante, hoy podemos buscar herramientas que nos permitan lograr más orden y estructura, esto claro, sin perdernos la oportunidad de explorar y observar estas necesidades emergentes.

Ahora, y para finalizar, el último punto.

Conectar con la experiencia corporal es un objetivo clave en arteterapia, en tanto facilita un medio de ingreso a nuestro mundo interno diferente al camino tradicional. Entrar desde la conciencia por medio del recurso verbal, sólo nos da acceso directo a aquellas partes de nuestra psiquis de las que estamos al tanto, y un acceso indirecto a las que no. Esto es comúnmente entendido como un proceso top-down o, desde la mente hacia «abajo». Contrariamente a lo que se nos permite a través del enfoque corporal, un proceso bottom-down, el cual posibilita que sea el cuerpo sensorial el que nos conduzca hacia el descubrimiento y mayores estados de conciencia. Es decir, explorar nuestro plano inconsciente (el cuerpo) para traer su contenido a la conciencia (Elbrecht & Antcliff, 2014).

Desde ahí, la arcilla como un medio artístico que requiere de bastante involucramiento corporal, potencia este efecto y nos abre grandes puertas al inconsciente, lo cual, en un espacio acomodado puede ser revelador y constructivo. Esto, además de ser un medio ancestral, cultural y plásticamente increíble. Dicho esto, sin ánimos de extenderme más de lo necesario en este terreno de lo inconsciente, te invito a conocer este bello material y darle una oportunidad, (si no se la has dado ya) para que te muestre las increíbles formas que habitan en tu interior.

Si te interesa conocer más sobre el barro y su vínculo con nuestro inconsciente, te dejo aquí el link de mi próximo post.

Referencia:

A. Pease & B. Pease (2006). The Definitive Book of Body Language. Amat Editorial . chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://vertov14.files.wordpress.com/2018/05/pease_allan_-_el_lenguaje_del_cuerpo.pdf

Elbrecht, C., & Antcliff, L. (2014). Being touched through touch. Trauma treatment through haptic perception at the Clay Field: A sensorimotor art therapy. International Journal of Art Therapy, 19(1), 19- 30. doi:10.1080/17454832.2014.880932 

Mordechai, K,. Dafna ,R. & Sharon, S. (2020): Using the
clay slip game in art therapy: a sensory intervention. International Journal of Art Therapy. DOI: 10.1080/17454832.2020.1713833

Kris, E. (1964). Psychoanalytic explorations in art. New York, NY:
Schocken Books.

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